Horror Story. Grandioso sin sentido

By Ramon Ruestes Faire | Cine

Horror Story. Grandioso sin sentido

Con esas extrañas ganas de ver una obra de cine de terror sencilla pero entretenida me embarqué en Horror Story (2013) obra del director indio Ayush Raina. Únicamente cuento con Ludo (2015) del director Qaushiq Mukherjee como referencia del cine de terror indio. Ludo es extraña a nivel argumental, contando con algún tópico de surrealismo argumental muy marcado, pero a pesar de todo entretenida y con algunas escenas interesantes.

Apostar por el cine más exótico es siempre atractivo y siempre se alberga la esperanza de encontrar una pequeña y desconocida joya. A pesar de ello, la aspiración con Horror Story es el entretenimiento simple de terror y con la extraña intuición de ver sangre a borbotones.

La sinopsis nos sitúa en un grupo de jóvenes de fiesta. Ver en el noticiario de turno cómo se habla del Hotel Grandioso, un hotel abandonado y embrujado es más que suficiente par ir a pasar la noche ahí. A partir de ahí se inicia una historia de terror entre los pasillos del edificio.

Precariedad global en los protagonistas

Si algo marca sin lugar a dudas la obra de hoy es el sin sentido en gran parte de los elementos que componen un film de terror. El que primero asoma y uno de los más flagrantes de todos son los personajes. Partiendo de la base de que no conozco ninguno de los actores que componen el reparto de la obra, destacar el despropósito en los dos elementos que los incumben.

En primer lugar, la interpretación. Todas y cada una de las interpretaciones se ven tremendamente sobre actuadas. Nadie se salva de la criba, cada expresión, cada forma de entonar una frase, cada forma de entablar diálogo denotan una precariedad interpretativa realmente preocupante.

En segundo lugar, los propios personajes. Ya no estamos ante los personajes simplones y tremendamente tópicos de cualquier obra de terror simple estadounidense, estamos ante un eslabón más. Personajes intercambiables, sin afinidad ni empatía alguna con el espectador. Solo una muerte dolorosa de todos y cada uno de ellos puede dar sentido a su existencia.

Horror Story. Grandioso sin sentido

Maratón sin rumbo entre pasillos

El desarrollo argumental combina a la perfección con lo expuesto. Sin mucho sentido se sitúan en el hotel y corren y corren por sus pasillos sin ningún rumbo ni dirección. Sobresale una idea estúpida, corren hacía ella, se repiensan, sobresale otra idea estúpida, corren hacía ella y así sucesivamente. El argumento y su desarrollo carece de sentido completamente. Se aleja de una obra de terror sencilla y se sitúa en un despropósito mayúsculo, con cierta sensación de vergüencita.

Queda una esperanza, sangre, muerte, masacre.

Ahí es donde entran en juego los efectos especiales y su delicado uso dada su aparente carencia de un gran presupuesto.

Pues no, tampoco eso salva la obra.

Los protagonistas van muriendo, efectivamente, pero sin dolor ni sangre ni nada. Las muertes se suceden sin más, en una escena están corriendo y en otra están tirados en el suelo con un golpe en la cabeza. Destacar que a nadie se le ocurre corroborar dichas muertes, pero eso es cosa del argumento. No hay efectos especiales en las muertes y cuando estos intentan aflorar en la recta final, la obra peca de precariedad.

Se denota por todos los poros del film la falta de presupuesto para efectos especiales, uno de los errores más graves en cualquier obra de terror más o menos independiente que se precie. La falta de muertes, diremos más explícitas, sitúan la obra en algo aburrido, uno de los peores adjetivos para cualquier film que se precie.

Luces, sombras y música, las ligeras virtudes de la obra

No termina ahí la escabechina. Es algo extraño a destacar, pero el montaje también sigue los pasos del argumento, los personajes y el reparto. Es complicado que el espectador se dé cuenta de las lagunas o los errores de montaje, pues bien, Horror Story lo consigue. Las escenas, por decirlo de alguna forma, de las muertes ya dejan patente un error de montaje. Además, algún intento de dar terror se desvanece con cambios de escenas rapidísimas y cambio de situaciones extrañísimas.

Curiosamente, hay dos elementos en los que la obra sí acierta. En primer lugar, la creación del ambiente. Si dejamos de lado el maratón en que se convierte la obra para los protagonistas, el juego de luces y las ubicaciones son realmente acertadas. 

Si la obra hubiera acertado lo más mínimo en el resto hubiéramos visto terror gracias a su buen trabajo con el ambiente. Pasillos tenebrosos y viejos, cambios de luces, habitaciones tétricas. Buen trabajo en ese aspecto, aunque no sirva de nada.

El segundo punto a destacar es el acompañamiento musical. El sonido que invade la obra resulta tremendamente acertado para una obra de terror, incluso recordando algún film de mucha mayor calidad o simplemente de calidad alguna. A pesar de ello, el acompañamiento musical se vuelve excesivamente recurrente y termina perdiendo su encanto.

Valoración final

  • Lo mejor: la ambientación de la obra. El acompañamiento musical, sobre todo en sus primeros compases. 
  • Lo peor: la interpretación de los protagonistas y el enorme sin sentido en los personajes, el argumento y su desarrollo. La falta de efectos especiales y la vergüenza que dan cuando se muestran.

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About the Author

Me inicié con Gore Verbinski, crecí con el maestro Craven, maduré con Wan y llegué al éxtasis con los padres del nuevo terror de la mano de VHS. Adoro el cine de terror en todas sus facetas. El Festival de Sitges, un paraíso, Habitación 217, un nuevo hogar. Torres de Segre. Lleida. Catalunya. España.

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