Tokyo Ghoul, primera temporada. Sangre, belleza, lucha y poder

By Ramon Ruestes Faire | Anime

Tokyo Ghoul, primera temporada. Sangre, belleza, lucha y poder

Sigo con mi apuesta personal por el anime con Tokyo Ghoul (2015-actualidad). La obra de Shuhei Morita basada en el manga de homónimo nombre, se centra en el personaje de Ken Kaneki, un joven universitario de 18 años que se ve envuelto en el mundo de los Ghoul. 

El universo de la franquicia se sitúa en Japón, en un mundo donde conviven de forma más agresiva que amistosa los humanos con los Ghoul. Estos últimos son una especie que precisa de carne humana para sobrevivir, además de ostentar una serie de poderes, entre los cuales destacan extremidades, elementos o partes de su cuerpo que emanan de su espalda convirtiéndolos en poderosos enemigos. Una de los Ghoul más poderosos, Rize Kamishiro, resulta muerta en un accidente que la envuelve tanto a ella como a Kaneki. Para salvar a este último, se le implantan órganos de Rize, convirtiendo al protagonista en una especie de híbrido inadaptado.

Belleza y poder Ghoul

Con Tokyo Ghoul estamos ante una obra diferente a Death Note (2006) o Ataque a los Titanes (2013-actualidad). Ambas obras de anime muestran una brillantez argumental sin igual. Son obras diferentes pero apuestan por una calidad argumental sublime, sin fisuras. Tokyo Ghoul apuesta por otros elementos que la acerca más a una leyenda del anime como Dragon Ball Z (1989-1996), leyenda que cuanto más anime veo, menos leyenda me parece, pidiendo perdón por la posible herejía recién pronunciada. 

Tokyo Ghoul destaca, en primer lugar por su belleza. El opening ya muestra su apuesta por la belleza, apuesta que no deja escapar en su desarrollo. Los elementos salientes de la espalda de los Ghoul, junto con la sangre, invocan en cierta forma la belleza vampírica más clásica con una sustancial diferencia, estamos ante una serie animada y no son vampiros. Esa belleza no la encontramos en los animes expuestos en el punto anterior.

Tokyo Ghoul, primera temporada. Sangre, belleza, lucha y poder

Segundo punto a remarcar es, sin lugar a dudas, el poder y su evolución, elemento o estilo de anime, tremendamente característico de muchas obras como Naruto (2002-actualidad) o la propia Dragon Ball Z (1989-1996) y sus respectivas secuelas. Cada Ghoul usa su poder para sobrevivir cazando humanos y luchando contra otros Ghouls. El poder de cada uno de los seres, así como su catalogación en cierta forma por rangos y su entrenamiento llenan la pantalla de acción, de peleas y de superación. Eso vacía en cierta forma de calidad argumental el anime y lo llena de entretenimiento. A pesar de no llegar a los altares del género como Death Note o Ataque a los Titanes, la serie no prescinde tampoco del argumento en su desarrollo.

La carga dramática como complemento tangencial

Por último, resaltar el intento de indagar a nivel dramático con Kaneki. La adaptación del protagonista a su nuevo estatus marca a grandes rasgos el desarrollo argumental de esta primera temporada. El protagonista tiene muy interiorizada su esencia humana y no es capaz de asimilar su nueva esencia Ghoul. Esa lucha interna es la vertiente más dramática y argumental de la temporada, aunque no deja de ostentar un segundo plano. La belleza y la lucha son los elementos que realmente llevan la temporada, dejando el desarrollo dramático como un mero complemento.

Tokyo Ghoul, primera temporada. Sangre, belleza, lucha y poder

Adiciona lo expuesto, una, por suerte, recurrente sensación de atracción hacia el anime. Sin llegar a se trepidante, la serie pide más tras cada capítulo. 20 minutos no son suficientes en alguna ocasión para apaciguar al espectador. Muchos capítulos no son cerrados, acentuando las ansias del espectador.

Valoración final

  • Lo mejor: la atracción con el espectador. La belleza visual. Los Ghoul en general. 
  • Lo peor: la apuesta por la lucha desplaza la calidad argumental. La carga dramática se queda como mero complemento.

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About the Author

Me inicié con Gore Verbinski, crecí con el maestro Craven, maduré con Wan y llegué al éxtasis con los padres del nuevo terror de la mano de VHS. Adoro el cine de terror en todas sus facetas. El Festival de Sitges, un paraíso, Habitación 217, un nuevo hogar. Torres de Segre. Lleida. Catalunya. España.

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